El mail de Aplacar

Por Matías Mugione

Era una noche de septiembre, no hacía calor ni hacía frío. Alejo estaba sentado frente al monitor de la computadora, con la ventana abierta, desde donde se podía ver un cielo absolutamente despejado y estrellado. Él tenía 27 años y era ingeniero en sistemas; su novia, Clara, vivía solo a tres cuadras de su casa. Alejo estaba feliz porque, al otro día, ella regresaría de un viaje. Había estado fuera de la ciudad sólo tres días, pero para él era mucho. Le había comprado flores y chocolates y mañana, apenas ella regresara, iría a su casa a visitarla.

Con los ojos cansados de estar frente al monitor decidió irse a dormir. Pero antes, como si de un acto ritual se tratase, decidió revisar si tenía algún nuevo correo electrónico en su casilla, como hacía todas las noches. Casi todas las noches se encontraba con un gran 0 en su bandeja de entrada, pero esta fue una excepción. Al entrar en su cuenta se encontró con un e-mail de un remitente que él no conocía, incluso extraño, su nombre era: APLACAR. Confundido, ya que su e-mail no lo conocían muchas personas y tenía un buen filtro de SPAM, abrió el correo y leyó lo siguiente:

Aplacar (contact@aplacar.com)
Subject: Levedad Ritual

Ella esta detrás. Ella baila detrás.

Alejo quedó sorprendido y confundido, no tenía idea de qué significaba eso. «¿Ella está detrás?» «¿Levedad ritual?». Muchas opciones cruzaron por su cabeza: una equivocación, una broma, una publicidad… «Si, eso tiene que ser, una publicidad de esas que descubrís de qué se trata unos días después». Por el momento se conformó con esa explicación, y ya se imaginaba viendo la tele en unos días mientras aparecía una publicidad que dijera “Levedad ritual” y fuera alguna promoción de alguna marca de… ¿de qué? Bueno, no le importaba mucho de qué.

Cerró la sesión, apagó la computadora y se fue a dormir, pensando todavía en el e-mail y en cómo habían conseguido su correo los de… los de esa empresa. Alejo era un tipo de buen dormir: nunca una pesadilla y jamás tenía insomnio. Pero esa noche fue distinta. Imágenes de lluvia invadían su cabeza, sombras, palabras (Aplacar-Levedad ritual-Aplacar-Leved…), una pesadilla tras otra. Se despertaba y se volvía a dormir hasta que perdió la cuenta de tantos despertares.

Horas después, el sol de la mañana invadió su rostro. Se despertó y se levantó rápidamente, a pesar de que tenía sueño porque había dormido realmente mal, pero las ganas de ver a Clara podían más que el sueño. Notó que estaba transpirado y que la cama estaba muy desarmada, más de lo habitual. Entonces recordó las pesadillas y el extraño correo. «Aplacar, aplacar…». «¿Levedad ritual? ¡Qué carajo significaba eso!». La explicación de una publicidad ya no le convencía.

Decidió olvidarse de todo y disfrutar del día. Se bañó, desayunó, jugó un rato en la computadora y luego se puso a trabajar en ella. Más tarde almorzó y salió a caminar un rato para que el tiempo pasara más rápido. Volvió a su casa justo cuando unas nubes negras tronaban, amenazando arruinar una tarde perfecta. Pero sintió que nada podía arruinarle el día, ni la lluvia ni el e-mail ese, que seguía obsesionándolo de a ratos. Más tarde, Clara le envió un mensaje avisándole que ya se encontraba en su casa y él, rápidamente, salió en busca de su amada con las flores y los chocolates en la mano.

Salió tan rápido que olvidó la tormenta, y junto con ella el paraguas y la campera, pero no le importó. «Una tarde de lluvia… suena romántico». Estaba a una cuadra de la casa de Clara cuando comenzaron a caer las primeras gotas, que de forma muy rápida se convirtieron en una gran tormenta. Comenzó a correr y, en el apuro, no se fijó en una dama de negro que lo esperaba muy cerca de la casa de su novia.

La mujer le cortó el paso y él estuvo a punto de chocarla. Pidió permiso, pero la dama no se corrió y, entonces, la miró a los ojos. Cuando vio su mirada todo a su alrededor se volvió oscuro (no por la tormenta, simplemente las cosas empezaron a oscurecerse). De pronto las letras se ordenaron en su cabeza y entendió todo:

Aplacar… Al parac… Al parca… ¡La parca!
Levedad ritual… Davel de luarit… Rated de vullia… ¡Tarde de lluvia!

El correo electrónico que recibió no era una publicidad, sino su destino. «Ella esta detrás… ella baila detrás». Clara salió de su casa al oír un grito –“¡¡NOOOOO!!”–. Era Alejo. Iba a salir corriendo a abrazarlo, sin importarle la lluvia porque lo extrañaba. Pero entonces notó a la extraña mujer flaca, alta y vestida de negro. Vio el terror en los ojos de su novio, y los suyos se llenaron de lágrimas porque comprendió lo que sucedía. La señora de los huesos, la parca, la muerte… acarició suavemente a Alejo y luego desapareció. Él se desplomó y cayó sin vida al suelo. Entonces, Clara corrió hacia donde yacía el cuerpo de su novio y lo abrazó, dejando que sus lágrimas se mezclen con las gotas de la lluvia.

Foto: Justin S. Campbell
2 Comments
  1. Jack mayo 8, 2012

    Que triste!! Pobre Alejo!
    Y pobre Clara! Me imagine que cuando decia “Ella esta detrás. Ella baila detrás.” Iba a aparecer un fantasma bailando, jaja.. Esta bueno 🙂 Triste, pero no me voy a poner a filosofar de la vida, jajaja.. Besos!

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  2. Maurito julio 11, 2013

    “Ella baila detrás”
    Eso lo sacaste de “Oda a la sin nombre” de Skay Bellinson picaron jajaja
    Muy buenos tus trabajos che! Me gustan mucho. Segui asi

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