Incidentes en el I Congreso Nacional de Hipnólogos

de Matías Mugione

Una pelea de enormes proporciones se originó en el I Congreso Nacional de Hipnólogos, que se realizó en Rosario, luego de que los profesionales de esta terapia alternativa no se pusieran de acuerdo sobre el uso de la hipnosis para el tratamiento de la adicción a la rúcula. Hubo heridos y varios detenidos.

¡Descontrol! ¡Crisis! ¡Catástrofe! Todas estas palabras y otras tantas cruzaron por mi cabeza al estar presente en tamaña demostración de intolerancia. Es preocupante pensar que estos señores y señoras, que ayer protagonizaron los mencionados incidentes, son los mismos a los cuales dejamos entrar en nuestra mente para que nos curen los males.

El clima comenzó a ponerse tenso cuando el Dr. García interrumpió a la Dra. Salcedo y la acusó de tener “intenciones de convertir la hipnosis en un espectáculo”. Creemos que esta acusación estuvo basada en que la Dra. Salcedo tiene un programa de televisión llamado Hipnoshow!, pero no podemos decirlo con certeza. La gota que rebalsó el vaso fue cuando el Lic. Benavidez se mostró en desacuerdo con el Dr. Rodríguez, quien insistía con el uso de la hipnosis para tratar la adicción a la rúcula. “Vos porque te fumás cinco de esas plantas por día”, le gritó Benavidez, y el congreso se les fue de las manos… o, mejor dicho, se fueron a las manos.

Los que estaban de acuerdo con Rodríguez comenzaron a discutir fuertemente con la parcialidad de Benavidez. Las discusiones se convirtieron en insultos. Los insultos en algunas trompadas. Y luego sucedió lo más lamentable de todo: comenzaron a usar sus poderes hipnóticos para atacarse entre ellos.

El Dr. Gómez hipnotizó al Dr. Ayala y Gómez, a su vez, fue hipnotizado por el Dr. Giménez. A mi derecha, el Dr. Rodríguez se colgó de los hombros del Lic. Benavidez y lo hipnotizó haciéndole creer que era un caballo, pero éste al mismo tiempo fue hipnotizado por el Dr. Cagliari, que le hizo creer que era un gallo, lo que provocó una extraña mezcla de animales: mientras Rodríguez lo cabalgaba, Benavidez cantaba quiquiriquí.

A nuestra izquierda, la Dra. Salcedo bailaba desnuda parada arriba de una mesa. Creímos que había sido alcanzada por el ataque de alguno de sus colegas, pero luego nos enteramos de que ella nunca había sido hipnotizada (fotos de la pág. 2 a la 23). Las hipnosis volaban por todo el salón y era difícil saber quién estaba bajo el poder de otro: el caos era generalizado.

El Dr. Vicent de repente se creía en una película de Harry Potter y, al pasar por mi lado, me arrancó un pelo que, según sus propias palabras, era “para la poción multijugos”. En el lado opuesto del salón alcancé a divisar al Lic. Fitipaldi dirigiendo una orquesta que no existía y al Dr. Messina bailando mambo con la Dra. Lazarte.

Luego de aquello no sé qué paso, pero algo hizo que no pudiese continuar con mi labor periodística. Lo único que recuerdo es, en medio del revuelo, una voz en mi cabeza que me ordenaba ser un sapo.

Compartir en Facebook    Compartir en Twitter

Podés dejar un comentario a continuación: