Organización de Fans Post Mortem

de Matías Mugione

–Clarita, se murió Sandro.

Fue lo primero que me dijo la Pocha desde el otro lado del teléfono. Nada de un hola o un buen día, nada de un cómo estás. Derecho viejo: se murió Sandro. Yo no lo podía creer, pero al fin había sucedido. ¡Qué alegría! Ahí nomás le dije que le avise a los demás y que en media hora nos encontrábamos en el cuartel: la casa del Tito. Habíamos pasado semanas enteras ensayando para ese momento y por fin había afiambrado el Gitano.

Al rato estábamos todos reunidos en el cuartel: yo, la Pocha, el Tito, Lorena, el pendejo Javier, el Carlos, Doña Ana y el Chino López. Los siete nos mirábamos exaltados mientras nos preparábamos para hacer nuestro operativo: Lore se ponía una vincha de Sandro, el Chino practicaba su llanto, el Tito ensayaba su imitación de “Rosa rosa” y yo preparaba la foto de Roberto Sánchez con el autógrafo trucho que nos habíamos bajado de internet.

La tarde soleada se fue convirtiendo en una noche estrellada de verano. Las luces de las calles se encendieron, iluminando el asfalto con ese fulgor anaranjado. En definitiva, era una noche perfecta: cielo despejado, temperatura agradable y un famoso muerto. Todo en su lugar para un nuevo operativo de la Organización de Fans Post Mortem.

Nos subimos a la chata del Tito y salimos para el hospital. Cuando llegamos, vimos a los medios cubriendo la noticia de la muerte de Sandro: nuestras presas. Doña Ana enseguida encaró para donde estaban los muchachos de Crónica TV, ya que le encanta aparecer entre placas rojas. Yo me puse delante de la cámara de TN y el Tito tomó posición frente a una cámara de América, empujando a un par de fans verdaderas, “las nenas”, que terminaron despatarradas en la vereda.

Lorena se ocupó de los demás canales, ya que con su tamaño puede aparecer en varias cámaras a la vez. Ella dice que es porque la tele engorda, pero en la chata ocupa dos asientos y ahí nadie la está filmando. Los demás se encargaron de tomar posiciones cerca de los periodistas de medios radiales y gráficos y, luego de la señal establecida (el Chino López rascándose un sobaco), todos comenzamos con nuestra parodia ensayadísima.

–¡Ay! ¡No puede ser, no puede ser! ¡Yo que me sabía todas las canciones: Rosa, rosa; Una muchacha y una guitarra; Tengo un mundo de sensaciones, y hasta su éxito La Chevecha! –oí que vociferaba Javier frente a grabadores radiales. El muy idiota nunca se aprendía bien el guión y había metido una canción de Palito Ortega en el medio.

Mientras tanto, a mi izquierda el Tito comenzaba con su imitación de Sandro, cantando “Rosa, rosa, tan maravillosa” entre lágrimas, y yo mostraba emocionada mi foto autografiada del Gitano, que la había bajado de Google Images dos horas antes y se veía toda pixelada.

Estuvimos allí hasta que todos los medios se fueron. Luego, nos subimos a la chata y volvimos al cuartel general, para dejar todo y volver a nuestras casas, a nuestras vidas cotidianas, al menos hasta que otro famoso estirara la pata.

Actualmente, los Post Mortem nos reunimos todos los miércoles para seguir ensayando. Tenemos una Comisión de Previsión, integrada por el Tito y por el Chino, que se encarga de analizar cuáles famosos podrían estar cerca de pasar para el otro lado. Todas las semanas entregan un informe al resto de la organización y nos enfocamos en los personajes que ellos investigan, aunque claro que muchas veces tenemos que improvisar.

Por ejemplo, una muerte que no esperábamos fue la de Jazmín De Gracia. La Pocha vio la noticia en Twitter y nos llamó a todos para que vayamos al cuartel de forma urgente y tuvimos que buscar en Wikipedia quién carajo era esa mina porque no teníamos idea. Igualmente el operativo nos salió bien, salvo por Javier, que lo escuché decir que seguía la carrera de Jazmín desde que había ganado el premio Nobel. ¡Mirá que hay que ser boludo para confundirse eso con Super M, eh!

Por otro lado, eso de que la Pocha use Twitter a veces nos juega una mala pasada, porque ahí suelen matar a personas que no están muertas. En enero casi viajamos hasta Cuba por la supuesta muerte de Fidel Castro, pero el Chino López se avivó y desactivó el operativo justo cuando el avión estaba por salir. La única que no se enteró fue Lore, que por su tamaño viajaba en otro lado (en la bodega de equipajes), y la vimos al otro día llorando y gritando “¡Pobre Fidel!” a través de CNN en Español.

En fin. Siempre que se muera alguien famoso, nosotros estaremos ahí: llorando frente a las cámaras, ocupando el lugar de los verdaderos fans, haciendo que extrañamos a aquellos que nunca nos importaron mientras respiraban. Yo siempre estaré atenta al teléfono y saltaré de alegría al escuchar la voz de la Pocha diciéndome que murió tal o cual. ¡Me hace sentir tan viva eso de que la gente muera!

Compartir en Facebook    Compartir en Twitter

Podés dejar un comentario a continuación: