Personajes nefastos de la historia futbolística bahiense

de Matías Mugione

Mi trabajo como historiador en la Universidad Nacional de Sur me ha llevado a conocer datos curiosos sobre la historia futbolística de la ciudad de Bahía Blanca. Muchos de ellos fueron ocultados intencionalmente por la sinarquía que nos gobierna, con el temor de que se le eche la culpa a los gases contaminantes del Polo Petroquímico, pero hoy revelaré algunos de ellos y nada ni nadie me va a detener:

Pichicho López
Árbitro bahiense que en sus años de gloria ha dirigido partidos de la Liga del Sur, pero su éxito como referee fue decayendo debido a sus hábitos poco ortodoxos al sancionar faltas en el campo de juego. Resulta que Roberto López era un aficionado a las películas de suspenso, afición que a través del tiempo se fue volviendo toda una obsesión, llegando a dominar completamente su vida.

Su problema se hizo visible por primera vez en un partido entre Olimpo y Bella Vista, aproximadamente a los 25 minutos del primer tiempo, cuando el jugador Enrique Urubandi, del club aurinegro, le metió un terrible planchazo al “Canario” Lancini, provocándole fractura expuesta de, y en este orden: tibia y peroné, omóplato izquierdo, esternocleidomastoideo y mandíbula.

Pichicho cobró la falta. Mejor dicho, hizo sonar el silbato, pero no señaló inmediatamente hacia ninguno de los arcos, cosa que hacen todos los árbitros para indicar hacia donde debe continuar el juego. El tipo se quedó unos quince segundos quieto, revoleando los ojos, hasta que finalmente señaló hacia el arco aurinegro. Efectivamente, había metido suspenso en el cobro del foul.

El caso más grave del suspenso arbitral de Pichicho sucedió dos meses más tarde y le valió tanto la expulsión de la Asociación Argentina de Árbitros como de un pase libre al neuropsiquiátrico. Sucedió en el partido entre Villa Mitre y Tiro Federal, luego de que Lucas Antuna, acérrimo defensor del club villero, le hiciera un terrible tacle a Fernando Salvetta. Este medía solo 1,50, así que voló hasta la tribuna ocupada por la barra local, donde amablemente lo invitaron a retirarse y nunca más se lo vio.

El árbitro hizo sonar su silbato pero, por supuesto, no señaló hacia ninguno de los arcos. Uno de los jugadores tirenses se acercó a él para protestar la falta y alcanzó a escuchar un leve “tururun tururun” que salía de su boca. Ya no solo metía suspenso, sino que también le hacía la banda sonora. El partido fue suspendido diez minutos después por el cuarto árbitro y, aún hoy, algunos jugadores van a visitarlo al hospital psiquiátrico para ver si, de una vez por todas, cobra la falta para Tiro Federal.

La hinchada del Atlético Estomba
El Atlético Estomba fue un club de fútbol bahiense que tuvo una vida útil de unos cinco años y que fue fundado por cuatro habitantes de la ciudad (borrachos y a la salida de un boliche), en 1995, en honor al Coronel Ramón Bernabé Estomba, flamante fundador de Bahía Blanca. El club no solo es recordado por sus deplorables hazañas fubolísticas, sino también por su hinchada, que era tan amarga y tenía tan pocos simpatizantes que los jugadores de la institución solían salivar e insultar a los hinchas al terminar el partido, y no al revés, ofuscados por la falta de aliento.

El hecho más oscuro de la hinchada del Estomba sucedió en un partido contra Liniers en 1998, cuando Oscar Chuberry rompió uno de los alambrados y comenzó a repartir sopapos a diestra y siniestra. Cabe aclarar que Chuberry era el 9 del equipo, quien se cansó del silencio de la hinchada, y que Diestra y Siniestra eran los capos de la barra. El jugador traspasó el alambre para entrar a la tribuna y pegarle a los hinchas estombenses al grito de “¡Canten hijos de puta!”. Unos minutos después volvió al partido como si nada, envuelto en una de las banderas que les había afanado, y fue detenido por la policía.

Atlético Estomba desapareció a principios del año 2000 debido a que los dirigentes no pudieron seguir sosteniendo la paupérrima situación económica del club. “No tenemos socios, la gente no viene a la cancha” declaró Pedro Lorenzo, presidente de la institución, mientras se preparaba un fernet con coca. “Después de lo que sucedió con Chuberry la mayoría de los hinchas dejaron el club por miedo a nuevas represalias de parte del plantel”, agregó.

El hincha de las muletas
En muchas de las tribunas del fútbol argentino se suelen ver a simpatizantes que, en medio de la hinchada, no hacen más que levantar las muletas y agitarlas al ritmo de los cánticos. Pocos saben que estos hinchas, en realidad, son uno solo. Se trata de Pepe Vergara, un bahiense que desde 1987 asiste a las canchas con su par de muletas y la pierna enyesada.

Muchos afirman que la quebradura es parte de una cábala que se inició en un partido entre Olimpo y Villa Mitre, en donde el club aurinegro ganó por goleada luego de una larga racha de derrotas contra su clásico rival, mientras él agitaba las muletas en su popular. En aquel encuentro, Pepe estaba realmente quebrado, pero se rumorea que, desde ese entonces, lleva el yeso de adorno o, incluso, que se quiebra intencionalmente.

Pepe asiste a la mayor cantidad posible de partidos todas las fechas, siempre y cuando su presupuesto y las distancias lo permitan. No hincha por ningún equipo en particular, pero suele frecuentar las tribunas de los cuadros que, por alguna misteriosa razón, quiere que les vaya bien. Las malas lenguas dicen que, desde que empezó el Gran DT, a Vergara se lo ve por las calles bahienses a bordo de un BMW y que ya no saluda a sus amigos de la infancia.

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